viernes, 20 de marzo de 2009

no pienso seguir con esta farsa por mas de un motivo, pero dejemoslo en que mi historia ha fracasado, así como mi BLOG.- 

gracias.

martes, 20 de enero de 2009

II

-supongo que es un poco tonto seguir publicandolo ya que nadie lo lee.. pero me ayuda a corregir errores (supongo) -

Y me gustaría decir que por eso mis hermanos no sentían el más mínimo aprecio por mí. A decir verdad es mucho mas grave ya que, imagínenlo: en una familia ya formada recuperándose de la muerte de un padre cuatro hermanos ya bastante grandes reciben la noticia de que su madre va a tener una hija fruto de un amorío con el ex jefe de su difunto padre. No es una situación que pondría feliz a cualquiera, es algo cínico pensarlo.
Pero luego toda la atención que mi madre me dio, el haber hecho oídos sordos a quienes buscaban resolver mi situación de formas no muy legítimas (entre ellos mis propios hermanos) hicieron que desde un principio la relación fuera algo picante.
Así que podría decirse que lo único que tenía era el amor de mi madre. A ellos en lo personal jamás les di mayor importancia. Tal vez de chica me afectó de manera particular su cólera, pero eran demasiado grandes como para hacerle maldades a una inocente. Hubieron acercamientos, pero ellos nunca aceptaron mi forma de ser ni el trato que tenia con mamá (convengamos que estaban enojados conmigo no con ella, así que el problema siempre había sido yo). Y así crecí, rodeada de prejuicios, con una persona que era toda mi familia. El obvio desenlace sería que yo dependiera exclusivamente de ella y que su muerte me dejara en la calle. He aquí su error. Con algunos tropiezos yo me mantengo a mí misma. Cierto es que gracias a ella me daba mis lujos, pero podría prescindir de ellos. Siempre he sido muy independiente aunque no lo crean. Sin embargo a veces necesito incentivos externos para hacer determinado tipo de cosas. Y además de mamá Claudio, mi ex, fue quien me impulsó a hacer mucho de lo que yo no habría podido sola. Siempre he creído que las relaciones verdaderamente significativas son aquellas que nos ayudan, que nos acompañan, y él cumplía con los requisitos. Pero fuera de eso, me aburría bastante y tenía esa manía un poco tonta de idolatrarme. Ningún hombre me había querido nunca antes como él y sin embargo había días en que no soportaba ni su voz. Me acuerdo del día en que me propuso matrimonio. Fue para mí una nueva experiencia ya que nunca antes le había roto el corazón a nadie. Imaginen que no solo no le dije que sí, sino que también lo dejé. Me horrorizaba pensar que Claudio era todo lo que quedaba del resto de mi vida. Mientras hablaba veía pasar todo mi futuro frente a mis ojos. No habría podido sobrellevar un matrimonio así. Supongo que confiaba demasiado en mí, y habría sido capas de perdonarme cualquier cosa. Pero supongo que cualquier boba conformista se enamoraría de él al instante, era estéticamente perfecto. En fin…
En aquél momento después de haber asimilado la idea en mi cabeza resolví por llamar a José (mi hermano mayor) para ver que hacíamos con el cuerpo de mamá. Está bien que el no sintiera afecto por mí, pero no era una persona necia y sabia que en una situación así no iba a darme la espalda. Me daba ocupado ¿Con quién podría estar hablando? ¿Qué podría ser más importante en ese momento que su propia madre? Seguro la imbécil de su mujer. Pegada al teléfono todo el día, no imaginan lo que parece. Atendió el celular y me pidió que fuera de manera urgente hasta su casa. Y entonces se me vino a la cabeza lo particular de la situación. Esa misma mañana, antes de recibir el llamado de Ana ni en lo más recóndito esperaba llegar a esa instancia. De verme a mí misma, caminando a paso animoso a la casa del mayor de mis hermanos. A la que había ido sólo una vez el día que se mudó (en ese tiempo hacían ya tres años) ¿Quién sabe todo lo que habría cambiado desde entonces? Todo menos a la idiota de su mujer. Les digo que yo seré superficial, pero ella es una completa descerebrada. Lo más cómico es que me adora. Admira mis logros, mi forma de vestir, de caminar. He aquí otro de los motivos por los que mi hermano no me aprecia demasiado. Pero es extraño ahora que lo pienso. Ya que se casó con una mujer que no es como yo ¡Peor! Aspira a ser como yo. Entonces ¿Por qué habría de quererla? Si es hasta peor que lo que el desprecia. Curiosa me parece su elección. Pero al fin y al cabo tenia que enfrentarme con ellos otra vez. Ansiosa apresuré un poco más el paso. Adoro caminar. Mi hermano vivía a veinte cuadras de mi departamento y sin embargo caminé. Nunca tengo tiempo para hacerlo, siempre estoy muy apurada. Y no es que la muerte de mi madre no fuera una urgencia. Pero ya estaba todo hecho. Sabía que José me esperaba, una hora antes, una hora después ¿Qué cambia? Sólo estaba depurando mi visita.
Toqué el timbre y mientras esperaba que me atendieran jugueteaba con mi collar –me resulta difícil quedarme quieta-. Y estaba tan concentrada que apenas escuché que habían atendido el portero.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

I

Recuerdo esa fría mañana de abril, casi puedo sentir el helado viento que soplaba en mi cara. Era temprano, me apresuré a contestar ya que supuse que nadie en su sano juicio se atrevería a despertarme si no tuviera algo urgente que decirme – cabe aclarar que había salido de pura excepción a comprar el regalo de cumpleaños de quien, en ese momento, tenía la etiqueta de “mi novio”-. Era mi hermana que para ese entonces creo que habríamos pasado como un año y medio sin siquiera dirigirnos la palabra. Es más, recuerdo que para su cumpleaños no la había saludado. Y ahí estaba, llamándome ¿Qué podría llegar a querer? Por lo general mi orgullo vale más que cualquier intriga pero en esa ocasión me ganó la curiosidad. Con un suspiro nervioso contesté.
No imaginan la escena: me paralicé en plena avenida. Nunca puedo recordar que avenida, pero les aseguro que era una de las más transitadas. Por un instante dejé de oír las bocinas, dejé caer el teléfono con mi hermana hablando y dejé que el impacto se apoderara de mi realidad. Por un momento no lo creí, supongo que en parte fue porque tengo una insostenible tendencia a pretender que las cosas malas no me pasan a mi. Sacudí la cabeza como quien vuelve de un cuelgue total. Lentamente no, pero sí tomándome mi tiempo recogí mi teléfono y sin mirar si Ana ya había colgado lo cerré calmada, me incorporé, lo guardé y seguí mi camino hacia aquel lugar de ropa tan lindo que sólo quedaba a dos cuadras de ahí.
Estaba exhausta cuando llegué a casa. Exploté en lágrimas. Aún no lo podía creer. Sé que el que las personas mueran es cosa de todos los días, más aún siendo una persona mayor. Pero llevo incorporada una estúpida inocencia que no admite la aplicación de ciertos razonamientos. Mi mamá, al igual que la mayoría de las personas que conozco ya había dejado de cumplir años hacia mucho tiempo para mí. No acepto el paso de los años sobre mis allegados, no sabría explicarles el por qué. Mamá tenia sesenta y cinco años para mí desde hacía casi diez. No fue para nadie una sorpresa lo que había pasado, sólo para mí que por alguna razón vivo encerrada en un mundo completamente personal. No piensen que soy desinteresada, sólo un poco dispersa. Hacía meses que no se encontraba bien de salud y yo creo haberla ido a ver una vez para pedirle algo de dinero. A ella no le importó, era un consentida, la menor de cinco hermanos. Ella me había tenido ya muy mayor con un hombre que no era su difunto marido, quien nunca me aceptó como hija. Más allá de las opiniones y los prejuicios mi mamá me crió con dedicación y amor de sobra. Supongo que en parte se sentía en deuda conmigo al no poder entregarme una figura paterna presente. A decir verdad creo que nunca precisé un padre, nunca me hizo falta y en parte fue por todos sus esfuerzos. Aunque en el fondo sé que pesa sobre mis hombros el haberle arruinado la vida, un embarazo no deseado a una edad no recomendable, la dedicación sobrehumana que tuvo conmigo y sepan que no lo hizo por obligación, sino por pura entrega, puro amor, devoción de una madre y mujer excepcional. Yo fui en su vida el principio del fin. Cierto es que como hija yo no retribuí lo que debía y supongo que lo más triste de eso es que me tiene sin mucho cuidado. Tan habituada estaba a tenerlo todo, a merecerlo todo que lo que más me inquietaba en ese momento era de donde iba a obtener mis ingresos económicos cuando los necesitara. No me malinterpreten, tengo mis estudios y trabajo estables, pero mis gastos personales exceden mis ingresos y mi madre había sido hasta ese momento quien me ayudaba a pagar el alquiler, la luz, el gas y ese tipo de cosas. Ella lo hacía con gusto, aunque sé que de mi parte es una actitud muy reprobable.


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